El tiempo libre cada vez es menor. Es inevitable sentir
nostalgia al mirar atrás y recordar viejas aventuras. Aquellos tiempos en los
que la fiesta comenzaba el viernes por la tarde y terminaba el domingo en la
madrugada. Los acostumbrados recorridos por
las calles del Centro, la Guerrero, la Juárez y la Roma. Durante esos días nos alimentábamos
únicamente de jochos, tacos de canasta, hamburguesas y cerveza, mucha cerveza.
La vida transcurría tranquila en aquellos bares underground que habíamos
convertido en un segundo hogar. Los vestuarios negros, los peinados
extravagantes y el maquillaje dominaban la escena. Recuerdo noches enteras
bailando al ritmo del Darkwave, el Postpunk, el Synthpop y las clásicas ochenteras.
Recuerdo las fuertes vibraciones que provocaban cientos de botas industriales
al chocar contra el piso.
Pasó el tiempo sin piedad y lo cambió todo. Las
responsabilidades aumentaron y los ratos libres disminuyeron. Los amigos se
casaron, tuvieron hijos o se fueron a hacer su vida fuera de la capital. Los
precios aumentaron y los salarios se quedaron igual. Las visitas al segundo
hogar se fueron espaciando cada vez más hasta reducirse tanto que es difícil recordar
la fecha exacta de la más reciente. Todo
quedó en bellos recuerdos que se repiten en la mente con el aspecto de un video
tan antiguo como las películas de Chaplin.
Tras largo tiempo sumido en la rutina de mi vida actual,
se presentó la oportunidad de volver a uno de aquellos antros que llenaron de
alegría mis noches en el pasado. Una querida amiga vino de lejos con ganas de
revivir un poco de aquellos tiempos. Dedicamos algún rato a observar y
criticar los cambios que se han dado en el lugar. Nos quejamos del costo de la
cerveza y de la música que sonaba en el salón principal. Recorrimos cada rincón
del lugar buscando un poco del ambiente que se vivía ahí antes.
De pronto, justo cuando ya habíamos tachado de zoquete al
Dj, empezó a sonar en la pista de baile una canción de Grendel. Los
leves movimientos corporales se transformaron súbitamente en una explosión de energía
violenta traducida en baile. Nos sentimos de nuevo en aquella época maravillosa
que tanto añoramos. No salimos del lugar hasta escuchar la ya tradicional
canción de despedida: Goodbye Horses.
Una gran noche, una oportunidad de revivir parcialmente las
aventuras del pasado. Quedará por siempre grabada en la memoria, y se
proyectará en la mente como un viejo video. Provocará algún día la nostalgia
del corazón negro.
Me agrado como seguiste la secuencia de la narración , todo bien conectado, creo yo, que tendrías que ser aun mas descriptivo en los detalles del ambiente para introducir mas al lector, pero bueno esa es mi opinión, considero que ante mas detalles descriptivas obviamente justificadas queda impregnada en la memoria del lector el recuerdo de una buena historia.
ResponderEliminarSi me gustaría escribir con más detalles, pero tengo límite de 400 palabras. Esto es por instrucciones del profesor. Gracias por tu comentario, prima.
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