miércoles, 27 de febrero de 2013

Oscura vanidad




La vanidad femenina no conoce límites. No importa cual sea el motivo ni la ocasión, ellas siempre insisten en verse perfectas. La ropa debe combinar con los zapatos, los zapatos con el bolso, el bolso con el maquillaje, el maquillaje con cabello, el cabello con la piel y la piel con la ropa. Pasan horas frente al  espejo decidiendo cuál peinado es mejor. Un solo cabello fuera de lugar puede desatar una catástrofe de dimensiones apocalípticas. ¡Pobre de aquel que se encuentre cerca!


La tarde del viernes pasado, me encontraba sentado en la banqueta frente a mi casa viendo pasar gente y bebiendo una caguama. El día parecía de lo más tranquilo y normal. Una de mis más queridas amigas se sentó junto a mí. Llevaba en la cabeza un paliacate.


¿Hoy es día de vestuario rockabilly?

—No. ¿Me acompañas a cortarme el cabello?

—¿Por qué te lo vas a cortar?

—¡Se me hizo un puto hoyo en el cabello por culpa de la decoloración!me gritó con la cara roja de furia. ¿Me vas a acompañar o no?


En un solo movimiento me levanté, recogí la caguama, le puse la tapa y la guardé en mi mochila. Por un momento pensé que escupiría fuego y me apuñalaría con sus garras si no me apresuraba. Caminamos hasta la avenida y nos subimos a un camión.


—¿Hasta dónde vamos?

—Hasta donde nadie me conozca. No quiero que me vean así en las estéticas de la colonia.


Bajamos del camión cuando por fin decidió que estábamos bastante lejos. No tardamos mucho en encontrar una estética. Le dio indicaciones a la estilista mientras yo tomaba asiento. Un rato después salimos de lugar. Le dije que se le veía muy bien ese nuevo corte y que el hoyo quedaba bien disimulado. Sacó un espejo de su bolso y se miró detenidamente.

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            —¡Parezco señora de los noventas!

­            —Claro que no, te ves muy bien.

­   —¿Cómo me voy a ver bien? —sus ojos parecían carbones al rojo vivo—. ¡La parte larga debería ser más larga y la parte corta más corta!

—No te preocupes, te crecerá rápido.

—¡Ni madres! Vamos a otro lugar para que me corten más.


Se puso el paliacate nuevamente y empezamos a caminar buscando otra estética.


Al final del día regresamos a la banqueta. Algunos amigos ya estaban reunidos ahí. Tuve que comprar unas caguamas frescas porque la que tenía en la mochila se calentó. Los pies me dolían y podría jurar que me salieron ampollas porque caminamos durante horas. Todos nuestros amigos se apresuraron a decir lo bien que le quedaba el nuevo corte.

           
          —No me gusta, parezco niño.

2 comentarios:

  1. Me gusto mucho!! La manera en como describes el estado taciturno y relajado que tenias, y que al ayudar a una amiga sacrificaste tu caguama por la vanidad de una mujer... jeje

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