domingo, 3 de marzo de 2013

Celos, duda, miedo... Sufrimiento

Siento el dolor de la pérdida. En solo una semana todo ha cambiado.          Los días y las noches parecen más largos. No sé cómo resignarme a vivir sin sus ojos, su sonrisa, sus besos, su sexo y su encantadora forma de ser.
¿Qué fue lo que pasó? Es tan simple como increíble. De un día para el otro, quien juraba que me amaba, se enamoró de alguien más. Me dijo que estaba confundida, y que necesitaba tiempo para pensar. Me juró que volverá, pero es mentira. Yo se que ya está con aquel hijo de puta.         Me mata pensar que será él quien reciba su atención, su cariño, sus caricias.
Me pidió que la entendiera. Me dijo que esto es algo que nunca buscó. ¿Cómo espera que comprenda? Hace unos días me decía que me amaba con todo su corazón. Ahora me quedo solo en la nada. Mi casa se siente fría y silenciosa. La vida me parece vacía y sin sentido.
No puedo sacarla de mi mente. No puedo pensar en otra cosa, y no encuentro nada que me anime.
Aún suenan en mi cerebro sus palabras. Recuerdo las lágrimas que derramó al hablarme. Pero no eran lágrimas de arrepentimiento. Lloraba por que le dolía hacerme daño.
Le dije que podíamos superarlo. Le pedí que hiciéramos el intento por salir adelante. Le rogué que no me dejara. Todo fue inútil. Ya había tomado una decisión. Su determinación por dejarme se me clavó en el pecho con la fuerza de mil dagas romas. No quise aceptarlo. Me aferré a la poca esperanza que me daba, aunque sabía que solo era una esperanza falsa. Ella pensó que así me tranquilizaría.
¿Por qué me pasa esto a mí? Lo único que hice fue darle todo mi amor, toda mi atención y mi vida entera. Cumplí sus caprichos, soporté sus celos y su inseguridad, le recordé cada día lo hermosa que era y cuanto la amaba.       Yo solo quise hacerla feliz. ¿En qué me equivoqué? ¿Qué fue lo que le hizo falta? ¿Qué puede darle él que yo no? Las dudas me están consumiendo.     Es terrible no tener las respuestas, pero al mismo tiempo no las quiero.       Sé que me dolería saberlas.
Lloré toda la semana hasta que mis ojos se secaron. No resisto más la ansiedad, el terror y el sufrimiento. No puedo soportar el saber que no la volveré a ver. Deseo que el fin llegue pronto. Necesito que alguien me ayude. Quizá este cuchillo se convierta en mi mejor amigo.

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