Te extraño demasiado. El silencio del teléfono es
insoportable. Recuerdo que antes sonaba todo el día. Una llamada por la mañana
para despertarme y otra un poco más tarde para asegurarte de que me había
levantado. Después llamabas al salir de tu casa y una vez más antes de entrar
al trabajo. A veces marcabas cuando tenías un pequeño tiempo libre y sin falta lo
hacías durante el camino de regreso a casa. Siempre me quejé de que hablábamos demasiado.
No paraba de decir que era una mala costumbre. Ahora pasa el día entero sin una
llamada tuya. Me hace tanta falta el sonido de tu voz.
Han pasado dos semanas desde que me dejaste y el dolor no ha disminuido. No logro
conciliar el sueño y me tengo que obligar a comer. Fumo casi cincuenta cigarrillos
a diario para controlar la ansiedad. Me dicen que me hace mal, que me estoy
matando lentamente. La verdad es que no me importa lo que pase conmigo.
Es tan difícil no saber nada de ti. Quisiera saber cómo
estás, si eres feliz, si piensas en mí, si me extrañas tanto como yo a ti, si
acaso preguntas por mí. Quisiera saber si piensas en regresar o si debo aceptar
que este es realmente el final.
¿Recuerdas el día en que nos conocimos? Nos encontramos en
el Palacio de Bellas Artes. Estaba muy nervioso. Tiempo después me confesaste
que tú también lo estabas. Nos dedicamos a caminar por las calles del centro.
Ibas tomada de mi brazo. Hablaste durante horas y yo escuché con atención todo
lo que decías. Caminábamos muy por delante de tus amigas. Ellas se quedaban
atrás a propósito para darnos espacio. Al cruzar una calle te tomé de la mano.
Después me dijiste que eso te había emocionado. Te dejé ese día en el metro y
no pude esperar para pedirte una segunda cita. Quedamos para el viernes
siguiente.
En la segunda cita nos la pasamos muy bien. Éramos solo tú y
yo y unas cervezas. Te conté que no podía creer que estuviera contigo. Te dije
que era como un sueño hecho realidad. Todo el rato lo pasamos platicando.
Recuerdo que yo me contenía para no lanzarme sobre ti y besarte, pero no pude
evitar acercar mi cuerpo al tuyo tanto como me fue posible. Un poco más tarde
no pude resistir más. Te tomé en mis brazos y te robé un beso largo y profundo.
Y luego otro y después otro más.
Ese día conocí la felicidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario